Crisis y respuestas desde la izquierda

La crisis global a la que nos enfrentamos tiene unas consecuencias dramáticas cada vez más evidentes: ERO’s, despidos y una tasa de paro que no deja de aumentar. El ministro Solbes reconoce ahora que durante 2009 podemos llegar hasta tasas de paro de cerca del 20%, lo que representará casi 4 millones de parados. Los despidos afectan de forma especial a las personas inmigradas. El recorte en gasto social ha aumentado las horas de trabajo doméstico no subvencionado por el Estado —cuidado de la infancia, atención a las personas grandes y discapacitadas…— que recae sobre los hombros de las mujeres, agravando así su situación de especial precariedad, compartida también por la juventud. Aún con este panorama desolador, todo indica que lo peor de ésta crisis aún está por llegar. Así pues, una vez más, tenemos que plantearnos cuál es la respuesta que hay que dar desde los movimientos sociales y la izquierda anticapitalista.

crisis

Durante años, el movimiento anticapitalista y las organizaciones que engloba han intentado desenmascarar la verdadera lógica del neoliberalismo —primero los beneficios y no las personas— y lo han logrado. La idea general de que esta crisis es culpa de una minoría que son los que lo controlan todo, y que son ellos los que deben asumir las consecuencias está cada vez más extendida.

Sin embargo, la respuesta política, sindical y de movilización social ante la crisis es mucho menor a la que necesitamos para hacerle frente.

Esta situación no es nueva y responde a varios factores. Por una parte está el papel de la izquierda institucional que, en lugar de mirar hacia sus bases para encontrar una salida a la crisis, basada en la movilización y en la apuesta por otro modelo de sociedad, se dedica a gestionar la crisis, dando cobertura política a las medidas antisociales que se han impulsado hasta ahora: inyección de dinero público a los bancos, abaratamiento del despido, aumento de la represión, etc.

Por otro lado, en la mayoría de conflictos las cúpulas de los sindicatos mayoritarios se limitan a alinearse con la empresa. Como mucho, convocan manifestaciones como la del pasado 14 de marzo en Barcelona —sin un trabajo de movilización real de sus bases— que responden a la presión ejercida por las convocatorias unitarias como la del día 28 de marzo.

Esta actitud de la izquierda gestionaria y las cúpulas sindicales, de esconder la cabeza bajo el ala, no ayuda en nada a romper con la dinámica de aislamiento de las luchas y debilita la confianza para luchar de los trabajadores, los que en el peor de los casos ven los pactos y la aceptación de peores condiciones laborales como la salida “real” a la crisis.

La situación es contradictoria. Mientras cada vez más gente desconfía de las recetas de gobiernos y empresas para resolver la crisis y buscan alternativas, la falta de una izquierda anticapitalista amplia e implantada en todos los frentes y que desde la unidad y la radicalidad ofrezca una salida a la crisis, dificulta la construcción de una respuesta social amplia, que es la única manera que tenemos para cambiar el rumbo de la sociedad.

Nos encontramos en un momento crucial. La crisis del sistema no es sólo económica, es una crisis global: económica, ecológica, política e ideológica. Construir un discurso alternativo que se oponga a la ideología del mercado, que haga frente a las ideologías reaccionarias es esencial, pero no es suficiente.

Si queremos que este discurso tenga una incidencia real, tenemos que promover movilizaciones que conecten con aquellos sectores de la población que sufren, de forma directa, los efectos de la crisis.

Desde el punto de vista de los argumentos, tenemos mucho trabajo hecho, pero ahora toca pasar de la confrontación ideológica a la lucha política, y eso sólo se puede hacer a través de la movilización.

No se trata sólo de explicar que el capitalismo no funciona y que más que refundarlo, hace falta combatirlo. Ahora lo que necesitamos son organizaciones y espacios de movilización dinámicos, con activistas y cultura de activismo, que, partiendo de las fuerzas con las que cuentan, se conviertan en herramientas útiles para hacer frente a la crisis e impulsen una visión amplia acerca de cómo conectar y dar confianza a la gente que busca alternativas.

No se trata de caer en el oportunismo ni de abandonar los principios, pero es esencial romper con cualquier sectarismo hacia aquellos sectores que, a pesar de no formar parte de la izquierda radical, comparten con nosotros la necesidad de movilizar la sociedad para hacer frente a la crisis.

En lucha

Foto: David Datzira

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